Primeros cuentos para más pequeños



 LOS CUENTOS DE LA GIAGIA


En esta nueva serie de cuentos, Eder, se reflejan las transformaciones de personas en plantas o animales, queriendo unir la naturaleza en todas sus manifestaciones, a través del amor, feliz o desgraciado. Con estos relatos pretendo que vayas adquiriendo una cultura basada en los clásicos, que son la base de nuestra cultura occidental.



1.- Apolo y Dafne

       Apolo era el dios de las artes, de la medicina, de la belleza y de la adivinación, pero tenía muy mala suerte en el amor. La diosa del amor, Afrodita, había echado una maldición sobre él y toda su estirpe, y ninguno tendría suerte en el amor. También era considerado como dios de la justicia, sobre todo, en el poema Ilíada, escrito por el aedo griego Homero. Quizá es que los griegos estaban hartos de su dios supremo Zeus, que actuaba siempre a su antojo.


Apolo se enamoró de una preciosa ninfa, llamada Dafne, pero tampoco tuvo suerte. Quiso convencerla para que se casara con él, pero ella empezó a huir y él la siguió. Viendo que Apolo iba a alcanzarla, Dafne pidió ayuda a su padre, que era un dios río, y éste la ayudó convirtiéndola en laurel.

Cuando Apolo llegó, ella ya tenía los brazos convertidos en ramas y sus piernas se habían convertido en raíces. Como no pudo casarse con ella, Apolo decidió adoptar una corona de laurel,  como premio para los vencedores de los juegos atléticos, que se celebraban en Delfos, el santuario donde él respondía las preguntas de los peregrinos a su oráculo.

         Muchos artistas han recordado la historia de Apolo y Dafne,

-         En música: Jacopo Peri, Francesco Caballi o Richard Strauss.

-         En pintura: Francesco Albani, Tiépolo, Antonio de Pollaiuolo, John William Waterhouse, o Cornelio del Vos.

-         En Literatura, partiendo del relato de Ovidio, tomado después por Garcilaso de la Vega o Francisco de Quevedo.


2.- Los delfines

         Sabemos que los delfines son quizás los más inteligentes de los animales. Hubo dos dioses que quisieron regalarles la inteligencia y la posibilidad de comunicarse con un lenguaje propio y especial. Voy a contarte las dos historias.

         El dios Apolo, para hacerse dueño del oráculo de Delfos, donde iban a hacer sus preguntas gentes de todo el mundo, tuvo que viajar hasta la cordillera del Parnaso.

Le pareció que era más fácil ir por mar, pero estaba agotado y no conseguía llegar a la playa, así que pidió ayuda a varios delfines que nadaban por allí y ellos lo llevaron sobre sus lomos hasta el santuario. En agradecimiento, el dios les concedió la inteligencia y, además, llamó a la ciudad con el mismo nombre de los delfines: Delfos.

El dios Dioniso, al que conocemos como dios del teatro y del vino, tuvo una vida humana antes de pasar a ser dios como su padre Zeus, e ir a vivir con él.

 Cuando estaba como hombre, más bien como niño, viviendo en el palacio del rey de Siracusa, en Sicilia, salió un día a navegar. Los marinos que llevaban el barco, decidieron robarle y hacer desaparecer al niño. Le quitaron el dinero y las joyas que llevaba y lo echaron al mar.

 Pero los delfines lo vieron y lo llevaron al embarcadero del palacio otra vez. Cuando los marinos fueron a explicar que el niño se había caído por la borda, apareció el dios y los malos fueron llevados a la cárcel.

Para agradecer a los delfines que le hubieran salvado, Dioniso les concedió la inteligencia y el poder de comunicarse entre ellos, por medio de ultrasonidos. Dioniso era un dios muy práctico.

 3.- El álamo

         El álamo es uno de los árboles más útiles en las ciudades, porque la cara interior de las hojas, de color casi blanco, recoge el polvo atmosférico y ayuda a combatir la contaminación.

Lo creó el dios Hades, rey del mundo subterráneo, cuando murió su amada Leuca, hija de Océano. Al llegar ella a los Campos Elíseos, lugar donde llegaban las almas de los que habían sido honrados y justos, se encontró con que Hades había plantado un álamo para ella, para que el aire que la rodeara fuera puro.

Hay una historia que explica la creación de alamedas en las ciudades; te la voy a contar:

 Faetón, hijo del sol, murió por acercarse demasiado a la tierra y al cielo con el carro del sol, que había pedido prestado a su padre. Sus hermanas, las Helíades, también hijas del sol, rodearon su cadáver y decidieron quedarse guardando el cuerpo de su hermano, de forma que el dios Hades decidió convertirlas en álamos, para que estuvieran siempre purificando el aire que rodeaba el cuerpo de Faetón.

Por eso, cualquier grupo de árboles en una ciudad, aunque sean de otro género, se llama alameda.

         También el héroe Heracles, cuando volvió del mundo subterráneo, llevaba puesta una corona de hojas de álamo, y puso como premio para los vencedores de los juegos Nemeos, que se celebraban en su honor, una corona de hojas de álamo, para que se los considerara limpios y puros, es decir, que no hacían ninguna trampa en las competiciones.



4.-  La golondrina y el ruiseñor

         Había una vez dos hermanas, llamadas Procne y Filomela. Se querían mucho y estaban siempre juntas, hasta que su padre decidió casar a Procne con el rey de Tracia Tereo.

Después de varios meses separadas, Filomela consiguió que su padre le permitiese ir a visitar a su hermana Procne y se puso en camino, acompañada por su cuñado Tereo.

 En el camino, Tereo intentó violentar a Filomela y la dejó muda, para que no pudiera contarle a su hermana nada. Pero Filomela consiguió bordar en un tapiz la historia de lo que había sucedido. Procne enseguida lo entendió y decidió vengarse de su marido, matando a su propio hijo.

 Luego las dos hermanas huyeron de allí, y Tereo las persiguió. Al ver que podía alcanzarlas, Zeus tuvo piedad de ellas y las convirtió en aves, para que escapasen mejor, fueron el ruiseñor y la golondrina, cuyo canto es breve, porque Filomela era muda.

Pero también convirtió en ave a Tereo, un gavilán, que por eso se pasa la vida persiguiendo a los ruiseñores y las golondrinas. Al final las dos hermanas pudieron vivir en el reino de las aves y Tereo comprendió que debía pedir perdón, porque ya Procne, el ruiseñor, que no deja nunca de cantar, había contado a todas las aves lo que había sucedido y Tereo fue admitido en el reino de las aves, si se portaba bien.

          El comediógrafo griego Aristófanes nos cuenta la historia de las dos hermanas, con un toque de humor ante esta triste historia.


5.- El color de las moras salvajes

         Esta es una historia triste, Eder, pero tú ya sabes por experiencia que en la vida hay cosas que no son tan agradables como quisiéramos, aunque tengan un final feliz y provechoso para sus protagonistas o sus familias.

         Es la historia de dos jóvenes, Píramo y Tisbe, en los que se inspiró Shakespeare para escribir su Romeo y Julieta.

        Desde niños, Píramo y Tisbe eran amigos y jugaban juntos y se contaban sus problemas. Cuando crecieron y fueron adolescentes, sus padres les prohibieron verse y hablarse, a pesar de que sus casas estaban adosadas una a la otra, porque las familias eran enemigas desde hacía muchos años.

Los dos jóvenes consiguieron hacer un pequeño agujero en una pared común a las dos casas, y por allí hablaban todos los días y se comunicaban sus tristezas y alegrías. Un día, hartos de las discusiones de sus padres, decidieron irse de casa juntos y se citaron en un campo próximo, a la entrada de una cueva.

         Tisbe fue la primera en abandonar su casa; se acercó a la cueva y, esperando, se quedó dormida. Al entrar en la cueva, no se dio cuenta de que su pañuelo se quedaba enganchado en unas zarzas que había cerca.

Pasó una leona, que acababa de cazar y tenía el hocico manchado de sangre; y manchó de sangre el pañuelo. Píramo llegó un poco después, y, al ver el pañuelo de Tisbe manchado de sangre, pensó que ella había muerto.

Como no podía vivir sin ella, se clavó su espada, para poder vivir con ella en la vida posterior.

Su sangre cayó sobre las moras, que eran blancas, y adquirieron el color rojo. Pero entonces Tisbe despertó y salió de la cueva. Cuando vio que Píramo estaba muerto, comprendió lo que había sucedido y se clavó la misma espada de su amado.

Su sangre cayó sobre las mismas moras, que esta vez adquirieron el color morado, que les quedó para siempre. Ahora sí que podían los dos estar para siempre juntos en el paraíso, sin que nadie se lo prohibiera.

         Sus padres, al saber lo que había pasado, hicieron las paces entre ellos, enterraron a los dos jóvenes en la misma tumba y juraron que nunca más se enemistarían.

El resultado fue, pues, beneficioso, porque las dos familias fueron amigas para siempre y los dos jóvenes, Píramo y Tisbe, consiguieron lo que no habían podido tener en su vida terrenal: estar siempre juntos.

6.- Por qué el pavo real tiene ojos en la cola

         El dios Zeus era un conquistador, siempre tenía una nueva novia; y, claro, su esposa Hera se enfadaba mucho y lo pagaban las pobres novias de su marido o los hijos de ellas.

Un día Zeus conquistó a la princesa Ío; cuando Hera supo que estaba esperando un bebé, empezó a perseguirla. Zeus, para proteger a Ío, la convirtió en una vaca blanca, pero Hera se enteró y le pidió que se la regalara.

Zeus no tuvo más remedio que dársela, porque, además de mujeriego, era un poco cobarde. Hera la encerró en una cueva y puso al gigante Argos, de cien ojos, para vigilarla. Cincuenta ojos dormían y cincuenta vigilaban, por lo que Ío no podía escaparse.

Zeus envió a Hermes para liberarla y Hermes empezó a tocar la flauta, consiguiendo dormir a Argos; después lo mató.

Ío pudo escapar, y Hera, para agradecer los servicios de Argos, puso sus ojos en la cola del pavo real, para que todo el mundo supiera que era su ave favorita y recordaran la fidelidad de Argos.

Pero Hera siguió persiguiendo a Ío, que tuvo que recorrer todo el mundo huyendo. Llegó hasta Turquía y pasó el Bósforo, que significa “El paso de la vaca”.

Por fin consiguió dar a luz a su bebé, que fue el fundador de todas las grandes regiones de África, como Libia, Etiopía y otras.


7.- El olivo

         El olivo es el árbol característico de la ciudad de Atenas, porque representa a su diosa patrona Atenea. Atenea representa la inteligencia y la guerra razonada; era hija de Zeus y Metis, diosa de la prudencia y la inteligencia.

Cuando Cécrope, el primer rey del Ática (región donde está Atenas), pidió protección divina, se presentó Poseidón, dios del mar y dio un golpe con su tridente: brotó un manantial de agua salada.

Entonces llegó Atenea, que hizo crecer un olivo. El tribunal que juzgó quién debía ser el patrón de la ciudad, dictaminó que debía ser Atenea, porque el olivo significa paz, fuerza, resistencia y prosperidad. Sus raíces se agarran tan fuerte al suelo que es difícil desarraigarlo.

Los atenienses vivieron bien gracias al olivo, que utilizaban para dar la bienvenida a los huéspedes y, sobre todo, por el fruto del olivo, la oliva, y por el aceite de oliva.

 Esta lucha entre Poseidón y Atenea está representada en uno de los frisos del Partenón, templo dedicado a Atenea en la Acrópolis de Atenas.

         También el héroe Heracles llevaba una maza de madera de olivo, que, si se apoyaba en el suelo, enseguida echaba raíces; con ella consiguió aislar en una cueva al león de Nemea, uno de sus trabajos, y lo ahogó con sus propios brazos.

 En recuerdo de esta hazaña, los habitantes de la ciudad de Nemea, crearon los juegos Nemeos, que formaban parte de los juegos panhelénicos y se celebraban cada dos años, alternando con los Délficos, los Ístmicos y los Olímpicos, que se celebraban cada cuatro años.

La razón para celebrar los juegos panhelénicos era que los griegos se olvidaran de sus guerras, porque estaba prohibido estar en guerra, mientras se celebraban los juegos.


8.- La lechuza
   
El búho o la lechuza son considerados los animales preferidos de la diosa griega Atenea. Como ella era la diosa de la sabiduría, la lechuza también representa la sabiduría.

Dicen que la propia diosa era una lechuza que volaba siempre de este a oeste, siguiendo el camino del sol. Representa también el poder, porque Atenea era la hija preferida de Zeus y de Metis.

De hecho nació de la cabeza de Zeus, totalmente armada, por lo que era la protectora de la guerra razonada o inteligente. Hay quien dice que una lechuza está siempre posada sobre el edificio más alto del mundo, donde haya más poder.

         La lechuza ayudó a Atenea a inventar los números y la forma de hacer fuego, además de enseñar a los hombres bastantes artes, como hilar, cultivar algunas plantas o tocar la flauta y la trompeta.

          Si una lechuza ríe, es señal de que alguien va a morir; si canta, es señal de que va a haber una boda.

Actualmente, en Grecia aún existe la creencia de que, si una lechuza se posa sobre un tejado, debe dejarse la luz encendida toda la noche, para que no suceda nada malo a la familia que vive en esa casa.

Tiene siempre los ojos abiertos y vigila el sueño de los habitantes de la casa donde se posa.


9.- El tilo y el roble

       Los griegos son gentes muy hospitalarias, desde hace muchos años hasta la época actual. Se dice que el origen de su hospitalidad es porque quizá sea un dios quien los visite.

Esta es la historia de una pareja de ancianos, Filemón y Baucis, que dieron origen al tilo y al roble. Su vida y su muerte fueron ejemplos del verdadero amor y de la generosidad humana.
  
         Había una pareja de ancianos que vivían en la región de Frigia. Eran muy pobres y solo tenían una cabaña como refugio y un ganso. Se llamaban Filemón y Baucis.

Un día el rey de los dioses Zeus y su hijo Hermes decidieron bajar a la tierra y llegaron a la región de Frigia. Pidieron hospitalidad para pasar la noche a todos los habitantes, pero nadie se fiaba de ellos y nadie les dio alojamiento.

 Sólo los dos ancianos Filemón y Baucis los acogieron en su pobre choza. Sirvieron aceitunas y vino, como era la costumbre, y aún sigue siendo en la actualidad en Grecia.

Cuando empezaron a servir el vino, Baucis se dio cuenta de que la jarra de vino seguía siempre llena, así que pensó que los visitantes eran dioses.

Filemón decidió sacrificar a su único animal, un ganso, para darles una cena digna. Pero el ganso escapó y se refugió junto a Zeus.

 Éste dijo que era su animal preferido y se dieron a conocer. Les avisó que iba a destruir la región de Frigia y les dijo que subieran a un monte, desde donde vieron cómo se inundaba todo, excepto su cabaña.

         Como regalo por haberlos recibido les dijeron que pidieran un deseo. Los dos ancianos se miraron durante unos segundos y pidieron morir los dos a la vez.

        Zeus y Hermes se marcharon, convirtiendo la choza de Filemón y Baucis en un templo, donde fueron sacerdotes del culto a Zeus. Tenían sacerdotes, consagrados por el dios, para que les sirvieran, porque eran ya muy ancianos.

 Cuando le llegó la hora de morir a Filemón, pidió a Zeus que recordara su promesa. Se abrazó a Baucis y sintieron cómo sus pies se enterraban en el suelo y se convertían en raíces, y sus brazos se iban extendiendo como ramas que se unían en sus extremos.

         Nacieron así el tilo y el roble, que suelen estar unidos por las ramas, símbolos del amor y la fortaleza.


10.- El águila
        
El águila representa la fuerza, el poder y la majestad. En la mitología griega representaba a Zeus; en la mitología azteca era Quauhtli, el 15º mes del calendario, era el ave imperial, que se posó en un cactus y allí construyeron la ciudad de Tenochtitlán. En la mitología siria antigua representaba al sol y fue luego convertida en constelación.

Pero te voy a contar por qué era el águila el animal preferido por Zeus. El águila le señaló cuál era el centro espiritual del mundo. Queriendo saber dónde situar el oráculo, que sería el más famoso del mundo, Zeus decidió soltar dos águilas, desde direcciones opuestas; donde se juntaran, ése sería el centro del mundo.

Las dos águilas volaron una en dirección a la otra y se encontraron el Delfos, el centro del mundo, o, como ellos lo llamaron, “el ombligo del mundo”. Los griegos esculpieron un ombligo de piedra, con la hazaña de las águilas grabada, y lo llamaron “ómfalos”, que significa ombligo en griego. Aún existe el monumento original en piedra.

         También otros héroes griegos tuvieron que ver con el águila. Por ejemplo, Prometeo, el titán que regaló el fuego a los hombres, después de habérselo robado a los dioses.

Como castigo, Zeus lo encadenó en los Montes Urales, donde un águila se encargaba del castigo. Hasta que lo liberó Heracles.

Otro personaje, quizá menos conocido, es Ganímedes, príncipe de Troya, a quien Zeus, en forma de águila, raptó para llevárselo al Olimpo y tenerlo como copero, para que le sirviera siempre el néctar y la ambrosía, alimento de los dioses.

         Los romanos adoptaron el águila como ave simbólica de su poder, y llamaban águilas a sus banderas.

  
11.- Hierba Luisa

         La mitología griega asimilaba la hierba luisa al nombre del limón, considerado como una joya sagrada, que crecía en numerosos árboles del Jardín de las Hespérides, donde tuvo que ir Heracles a robar las manzanas de oro de las Hespérides, por mandato de la diosa Hera, que intentaba que Heracles muriera en alguno de sus doce trabajos.

Aunque no lo consiguió, porque Heracles salió victorioso de todos ellos. La diosa Gea (la Tierra) regaló la hierba luisa a la diosa Hera, como regalo de bodas, cuando Hera se casó con Zeus.

Por eso, los griegos regalaban hierba luisa en las ceremonias nupciales, incluso como ramo de flores para la novia, porque los consideraban símbolo de fecundidad y riqueza, por el color dorado de las flores.

El jardín de las Hespérides estaba situado en el continente perdido de la Atlántida, del que nos da noticias el filósofo Platón. Algunos sitúan este jardín en el este de la península ibérica, o en alguna isla del mediterráneo, hundida por la acción de un tsunami, seguido de erupciones volcánicas.

La hierba luisa es una planta muy cultivada en diferentes regiones del mundo, entre las que están la zona de Piura, en Perú, y la propia Grecia.

Esta planta es un cítrico que se usa para curar diversas enfermedades, como el escorbuto, enfermedad que afecta a la dentadura y las encías, o para mejorar la digestión.

Se consideraba la planta de oro, porque relucía como el sol, incluso en las noches de luna nueva. Las leyendas europeas dicen que se consigue la noche de San Juan, en la que salen tres plantas a las doce de la noche, que se pueden coger si se tiene en la mano un objeto de metal.


12.- El caballo

         El caballo era muy apreciado entre los griegos porque era símbolo de fuerza, valentía y nobleza. El dios Posidón luchó con Atenea para ser el protector de los atenienses y ofreció como regalo un caballo.

El caballo más famoso fue Pegaso, el caballo alado. Era blanco y fuerte y, sobre todo, noble e inteligente. Ayudó al héroe Perseo en su lucha contra Kraken, un monstruo marino que amenazaba con matar a Andrómeda. Te voy a contar la historia, Eder:

Perseo era hijo de Dánae y de Zeus. (Zeus, como vas viendo, tenía muchos hijos y muchas mujeres). El padre de Dánae era el rey de Argos, Acrisio; Argos está en el Peloponeso.

Un oráculo de Apolo, el dios de la adivinación, le había dicho que su nieto le mataría y le quitaría el trono, así que Acrisio no permitía que su hija se casara, para que no tuviera ningún hijo.

Para que nadie la viera, la encerró en una torre con barrotes. Pero Zeus se enamoró de Dánae y se coló entre los barrotes, convertido en lluvia de oro. Dánae quedó embarazada y tuvo a su hijo Perseo.

Cuando se enteró Acrisio, los encerró en una caja de madera y la echó al mar. Pero Zeus se ocupó de que la caja llegara a la isla de Xérifos con Dánae y Perseo sanos y salvos. Allí vivieron hasta que Perseo fue mayor y quiso poner a su madre en el trono de Argos.

Una tormenta llevó su nave a Fenicia, donde vivía la reina Casiopea y su hija Andrómeda. Perseo se enteró de que, por una maldición de la diosa Tetis, diosa del mar, Andrómeda debía ser sacrificada a un monstruo marino, que saldría el último día del mes y se la llevaría.

Perseo prometió salvarla. El caballo alado Pegaso le ayudó a sobrevolar la roca donde Andrómeda estaba encadenada y consiguió vencer al monstruo Kraken.

Andrómeda se casó con Perseo, y así se unieron dos reinos que podían tener buenas relaciones comerciales en el mar. Eran Fenicia y Argos. El monstruo marino significa los peligros que tenían que superar los navegantes, para realizar sus negocios.


Perseo venció a Kraken con ayuda de la cabeza de Medusa, monstruo que convertía en piedra a todo el que la miraba. Pero esta es otra historia, que ya te contaré en otro momento.
 
 
13.- El ciprés
 
         Había una vez un chico llamado Cipariso, que vivía en la isla de Cos. Era amigo del dios Apolo y ambos solían cazar y hacer ejercicios atléticos juntos, en una zona de la isla, donde había un campo muy extenso, el campo de Cartea.
 
Un día Apolo y Cipariso fueron a cazar al campo de Cartea, y un precioso ciervo los acompañó. El ciervo tenía los cuernos dorados y de su pelo colgaban collares y perlas, que le iban regalando los habitantes de la zona, porque era un animal pacífico y agradable, que jugaba con los niños.
 
Cipariso se hizo amigo del ciervo enseguida, y desde entonces, iban todos los días a correr y saltar por montes y bosques. Apolo veía con recelo esta amistad, porque quería ser el único amigo de Cipariso, pero el joven no le hizo caso y seguía sus carreras y juegos con el ciervo.
        
Una tarde, el ciervo se tumbó a dormir a la sombra, detrás de un tronco caído, sin escuchar los ruidos que había a su alrededor, porque no temía que nadie le hiciera daño, acostumbrado a recibir sólo regalos de comida y caricias de todos.
 
Cipariso iba a correr con él, pero, al no encontrarlo, decidió practicar el tiro con jabalina con su amigo, el dios Apolo. Vio un bulto detrás de un tronco y, pensando que iba a cazar una buena pieza, lanzó su jabalina, que dio en el blanco.
 
Cuando se acercó, se dio cuenta de que había matado a su amigo el ciervo. Apolo, como dios de la medicina, intentó salvarlo, pero no lo consiguió y el ciervo murió.
        
Cipariso se quedó junto al cadáver, llorando tanto que se quedó sin lágrimas y sus brazos y piernas empezaron a extenderse y a convertirse en color verde y a volverse duros, como la madera de un árbol.
 
Los suspiros de Cipariso se elevaban tanto que también su cuerpo empezó a crecer hasta llegar al cielo. Al ver que su amigo se iba transformando en árbol, Apolo lo convirtió en ciprés, cuya cima es tan alta que puede decir sus secretos a los dioses.
 
Apolo se había quedado también sin su mejor amigo, y decidió que, desde ese momento, el ciprés fuera señal de dolor y de eternidad, de espiritualidad y amistad.
 
Por eso se coloca siempre en los cementerios, para que el espíritu de los que nos dejan se eleve hasta el cielo y comunique nuestros deseos a los dioses.
 
14.-La urraca
 
         La urraca es un ave que tiene fama de ladrona y desagradable. Cuando una urraca ve algo brillante, se lanza directamente a robarlo.
 
En urraca se convirtió una joven, hija del rey de Macedonia, llamada Cloris (que significa la pálida), porque su piel era muy blanca.
 
Las hijas del rey de Macedonia eran nueve y se llamaban Piérides. Las nueve hermanas se atrevieron a desafiar a las nueve Musas en un concurso de música y poesía. No sabían que la misma palabra música se llama así por las Musas.
        
Para la competición, se fueron todas al monte Parnaso, en Delfos, donde las Musas vivían con su patrono, el dios Apolo, protector de las artes, dios de la medicina y de la adivinación, además de ser el dios más guapo de todos.
 
El problema del concurso fue que las jueces que debían dar el premio eran ninfas, es decir, semidiosas, y, al acabar el concurso, todas dieron su voto a las Musas. Ç
 
Las hermanas Piérides se enfadaron mucho, diciendo que la decisión no era justa, y se lanzaron a atacar a las Musas, insultándolas y queriendo golpearlas.
 
Apolo, que al principio se lo tomó como una riña entre mujeres y se estaba riendo, se dio cuenta de que el asunto se ponía feo, e intervino, convirtiendo a Cloris y a sus hermanas en urracas, que conservan la facultad de cantar y gritar, e incluso de hablar, pero su canto es desagradable.
 
         Y, como piensan que les robaron el concurso, ellas se dedican a robar todo lo que encuentran, sobre todo las cosas brillantes.
 
 
15.- El narciso
 
         Había una vez un chico tan guapo que todas las chicas se enamoraban de él. Pero se lo tenía muy creído y no aceptaba a nadie, porque pensaba que nadie era digno de él.
 
Y los dioses castigan el orgullo; por eso, Narciso fue castigado por los dioses, convirtiéndose en una flor: el narciso.
 
Un día Narciso paseaba por el bosque, aprovechando cualquier charco de agua o laguna para mirarse en sus aguas y admirar su propia belleza.
 
Le vio pasar la ninfa Eco, que se enamoró de él enseguida. Pero Eco había sido castigada por la diosa Hera, por hablar demasiado y contar una de sus aventuras y no podía hablar.
 
Sólo podía repetir las últimas palabras que hubiera dicho el que hablara con ella. Así que, cuando Narciso preguntó
-         ¿Quién está ahí?
-         Ahí, ahí, contestó Eco
-         Ven, dijo Narciso
-         Ven, contestó Eco
 
Eco se atrevió a salir de entre los árboles, con los brazos abiertos, pero Narciso no quiso ni verla y se fue, diciendo que no era tan guapa como debía ser una ninfa.
 
Eco, al principio se echó a llorar, y se escondió en una cueva, donde acabó muriendo de pena, pero antes de morir, lanzó una maldición a Narciso, diciendo:
-         ojalá sepas algún día lo que es amar sin ser amado.
 
Narciso lo oyó, pero no hizo caso, porque no creía en las maldiciones. Pero, volviendo a su casa, pasó cerca de una laguna y se sentó al lado del agua, para beber un poco.
 
Al acercarse al agua vio reflejada en ella su propia imagen, y, sin darse cuenta de que era él mismo, se enamoró perdidamente de la imagen que veía en el agua.
 
Cuando trataba de acercarse, el joven de la imagen se acercaba; cuando se alejaba del agua, la imagen se alejaba; por eso Narciso pensó que también el joven de la imagen se había enamorado de él; quiso coger su mano, pero la imagen se desvanecía con el movimiento del agua.
 
Desesperado, decidió quedarse junto a aquella laguna, aunque no se atrevía a tocar el agua, por miedo a que la imagen se fuera, por lo que no bebía ni comía, hasta que murió.
 
Así se cumplía la maldición de Eco.
 
Hay otra historia del mismo Narciso, que, por rechazar otro amor, fue castigado por la diosa Némesis, diosa de la venganza. El resultado fue el mismo.


16.- El cangrejo

         El Cangrejo era un animal extraordinario, muy grande y fiero y que se había hecho amigo de la diosa Hera, para ayudarla en sus venganzas; porque Hera era muy vengativa, sobre todo, contra las novias de su esposo Zeus, que eran muchas.

La historia más conocida sobre el cangrejo es su actuación en el segundo de los trabajos del héroe Heracles.

Hera siempre perseguía al joven Heracles, porque era hijo de una mujer mortal, Alcmena, pero era poderoso y valiente y sus hazañas se conocían por todas partes.

 
Entonces decidió poner a Heracles bajo las órdenes del rey Euristeo, que era su primo y que, por orden de Hera le mandó hacer sus famosos doce trabajos.

El segundo de estos trabajos consistía en eliminar a la Hidra de Lerna, un monstruo con muchas cabezas. Heracles se enfrentó a ella, pero cuando cortaba una cabeza, volvía a salir duplicada y su trabajo era cada vez más difícil. Heracles descubrió que, si quemaba el corte de cada cabeza, ya no salían más.

Estaba venciendo, por lo que Hera envió al Cangrejo para que mordiera los tobillos de Heracles y lo distrajera en la lucha. Heracles aplastó al cangrejo de un pisotón y acabó su trabajo, cortando todas las cabezas de la Hidra.

         Para recompensar al Cangrejo por sus servicios, Hera consiguió colocarlo en el cielo, como constelación, para que todo el mundo lo viera siempre y recordara que había ayudado a la diosa.

Lo colocó cerca de la constelación del León, otro de los trabajos de Heracles, a quien Zeus colocó en el firmamento como parte de las constelaciones del Zodíaco.


17.- El jacinto o lirio

         Jacinto era un joven macedonio, hijo del rey Píero de Macedonia, aunque hay leyendas que dicen que era hijo de un rey de Esparta, o bien Ébalo, o bien Amiclas.
 
El dios Apolo amaba a este joven, por su belleza y por su inteligencia. Solían jugar y hacer ejercicio juntos, y lo que más les gustaba era el lanzamiento de disco.

Un día, Apolo, queriendo impresionar a su amigo, lanzó el disco con todas sus fuerzas, con tan mala suerte, que le dio en la sien y lo mató. Apolo se dio cuenta de que quien había desviado el disco para que diera a Jacinto había sido el viento Céfiro, que tenía envidia de Jacinto, porque Apolo le amaba y a Céfiro no.

         Cuando Jacinto cayó a tierra, Apolo recogió su sangre, que iba empapando la tierra y de ella hizo brotar una flor, el jacinto, que lleva una I (de Iacinthus) en el centro de los pétalos.

Sobre la flor ya crecida, Apolo lloró y, por eso, se considera una flor de luto, que se utiliza en los funerales, acompañando a otros tipos de flores. La flor del jacinto se identifica con la que se llama iris, y sale con diferentes colores.

         Jacinto recibió culto, como héroe divino, en Amiclas, donde se había colocado su tumba, junto a la estatua del dios Apolo. La tumba es del período micénico (anterior al s. XIV a.c.).

En Esparta se instituyeron unos festivales, las Jacintias, cuyo protector era Jacinto, considerado semidiós. Los festivales duraban tres días, un día para llorar la muerte del héroe divino, el segundo para verlo volver a nacer, y el último, para celebrar su renacimiento.

En estas fiestas se llenan las calles de flores de jacinto combinando los colores, e incluso se forran las paredes de las casas con ellas, formando dibujos, como tapices, contando la historia del joven, su amistad con Apolo y su muerte.
 

18.-La cierva

         Había una vez una cierva, que tenía los cuernos de oro, y las patas de bronce. Vivía en Cerinea y tenía otras cuatro compañeras como ella. Las cinco ciervas eran muy veloces y nadie podía cazarlas, excepto, claro está, la diosa de la caza, Artemisa.

La diosa se propuso conseguir las cinco ciervas para que tiraran de su carro de caza. Consiguió cazar a cuatro y las enganchó en su carro, pero la quinta, la de Cerinea, escapó y la diosa estaba enfadada, pero pensaba llegar a tenerla, aunque sólo fuera para no admitir ante nadie que había fallado en la caza, siendo ella la protectora de los cazadores.

Prohibió que alguien cogiera a la cierva de Cerinea, porque estaba reservada para ella.

El héroe Heracles fue encargado de capturarla (fue uno de sus famosos trabajos), pero no podía herirla, sólo cogerla con la mano, lo que era aún más difícil.

Tardó casi un año en conseguirlo, sin descansar ni de día ni de noche, y tuvo que ir hasta el extremo norte de la tierra, al país de los Hiperbóreos, que eran hombres legendarios de gran tamaño y de gran inteligencia.

Consiguió cogerla, cuando la cierva estaba bebiendo, atándole las patas para inmovilizarla. Cuando la capturó, se la llevó a Euristeo, el rey griego de Micenas, que le ordenó los doce trabajos, por mandato de la diosa Hera, que odiaba a Heracles.

         Euristeo tuvo miedo del animal, que era de un tamaño inmenso, y mandó a Heracles volver a llevarla a Cerinea y soltarla en el monte.  Artemisa se lo agradeció, y convenció a la cierva para que se dejara uncir a su carro, con su otras  cuatro compañeras.
 
 

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