Primeros cuentos para más pequeños


 

 

 
 LOS CUENTOS DE LA GIAGIA
En esta nueva serie de cuentos, Eder, se reflejan las transformaciones de personas en plantas o animales, queriendo unir la naturaleza en todas sus manifestaciones, a través del amor, feliz o desgraciado. Con estos relatos pretendo que vayas adquiriendo una cultura basada en los clásicos, que son la base de nuestra cultura occidental.

 

1.- Apolo y Dafne

       Apolo era el dios de las artes, de la medicina, de la belleza y de la adivinación, pero tenía muy mala suerte en el amor. La diosa del amor, Afrodita, había echado una maldición sobre él y toda su estirpe, y ninguno tendría suerte en el amor. También era considerado como dios de la justicia, sobre todo, en el poema Ilíada, escrito por el aedo griego Homero. Quizá es que los griegos estaban hartos de su dios supremo Zeus, que actuaba siempre a su antojo.

 

Apolo se enamoró de una preciosa ninfa, llamada Dafne, pero tampoco tuvo suerte. Quiso convencerla para que se casara con él, pero ella empezó a huir y él la siguió. Viendo que Apolo iba a alcanzarla, Dafne pidió ayuda a su padre, que era un dios río, y éste la ayudó convirtiéndola en laurel.

Cuando Apolo llegó, ella ya tenía los brazos convertidos en ramas y sus piernas se habían convertido en raíces. Como no pudo casarse con ella, Apolo decidió adoptar una corona de laurel,  como premio para los vencedores de los juegos atléticos, que se celebraban en Delfos, el santuario donde él respondía las preguntas de los peregrinos a su oráculo.

         Muchos artistas han recordado la historia de Apolo y Dafne,

-         En música: Jacopo Peri, Francesco Caballi o Richard Strauss.

-         En pintura: Francesco Albani, Tiépolo, Antonio de Pollaiuolo, John William Waterhouse, o Cornelio del Vos.

-         En Literatura, partiendo del relato de Ovidio, tomado después por Garcilaso de la Vega o Francisco de Quevedo.
 

2.- Los delfines

         Sabemos que los delfines son quizás los más inteligentes de los animales. Hubo dos dioses que quisieron regalarles la inteligencia y la posibilidad de comunicarse con un lenguaje propio y especial. Voy a contarte las dos historias.

         El dios Apolo, para hacerse dueño del oráculo de Delfos, donde iban a hacer sus preguntas gentes de todo el mundo, tuvo que viajar hasta la cordillera del Parnaso.

Le pareció que era más fácil ir por mar, pero estaba agotado y no conseguía llegar a la playa, así que pidió ayuda a varios delfines que nadaban por allí y ellos lo llevaron sobre sus lomos hasta el santuario. En agradecimiento, el dios les concedió la inteligencia y, además, llamó a la ciudad con el mismo nombre de los delfines: Delfos.

El dios Dioniso, al que conocemos como dios del teatro y del vino, tuvo una vida humana antes de pasar a ser dios como su padre Zeus, e ir a vivir con él.

 Cuando estaba como hombre, más bien como niño, viviendo en el palacio del rey de Siracusa, en Sicilia, salió un día a navegar. Los marinos que llevaban el barco, decidieron robarle y hacer desaparecer al niño. Le quitaron el dinero y las joyas que llevaba y lo echaron al mar.

 Pero los delfines lo vieron y lo llevaron al embarcadero del palacio otra vez. Cuando los marinos fueron a explicar que el niño se había caído por la borda, apareció el dios y los malos fueron llevados a la cárcel.

Para agradecer a los delfines que le hubieran salvado, Dioniso les concedió la inteligencia y el poder de comunicarse entre ellos, por medio de ultrasonidos. Dioniso era un dios muy práctico.

 
 3.- El álamo

         El álamo es uno de los árboles más útiles en las ciudades, porque la cara interior de las hojas, de color casi blanco, recoge el polvo atmosférico y ayuda a combatir la contaminación.

Lo creó el dios Hades, rey del mundo subterráneo, cuando murió su amada Leuca, hija de Océano. Al llegar ella a los Campos Elíseos, lugar donde llegaban las almas de los que habían sido honrados y justos, se encontró con que Hades había plantado un álamo para ella, para que el aire que la rodeara fuera puro.

Hay una historia que explica la creación de alamedas en las ciudades; te la voy a contar:

 Faetón, hijo del sol, murió por acercarse demasiado a la tierra y al cielo con el carro del sol, que había pedido prestado a su padre. Sus hermanas, las Helíades, también hijas del sol, rodearon su cadáver y decidieron quedarse guardando el cuerpo de su hermano, de forma que el dios Hades decidió convertirlas en álamos, para que estuvieran siempre purificando el aire que rodeaba el cuerpo de Faetón.

Por eso, cualquier grupo de árboles en una ciudad, aunque sean de otro género, se llama alameda.

         También el héroe Heracles, cuando volvió del mundo subterráneo, llevaba puesta una corona de hojas de álamo, y puso como premio para los vencedores de los juegos Nemeos, que se celebraban en su honor, una corona de hojas de álamo, para que se los considerara limpios y puros, es decir, que no hacían ninguna trampa en las competiciones.






 
 

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